27 de febrero de 2011

EL CUENTO DE LA MARIPOSA AZUL

"Fue el corazón mío tan joven
Y tan apetecido por la agonía:
Empezó a vivir y ya estrenó su muerte sin aviso."

El cuento fue, y es de los montes virtuales;
Una llovizna que terminó siendo sentencia de archivo.

En aquel tiempo:
La oruga cautivante, ponzoñosa y tan firme
Empezaba a dejar los sueños terrestres, apenas conseguidos.

Esos sueños eran espectros frívolos, zarandajas futuras de locos,
El viento construía mientras, otoños en las espinas de su cuerpo;
Y yo con exquisito gusto al dolor y a la expectación: La veía…
Alimentándose de las hojas tristes, de la sutileza y la ceguera del éxtasis.

Pero la oruga no retrocedía, ni miraba ya la historia,
Con seis noviembres que yacían en su cuerpo; y como sin peso:
Se arrastraba hacia el final de la última rama.
Fue entonces que la lluvia llegó como en todo febrero,
Y enfrió los sesos y las miradas tiernas que inspiró su metamorfosis lenta.

Con la conciencia húmeda y enmohecida
Decidí, ya temblando, bajar de la primera fila de su vida
Abucheando la danza de sus logros en mis fantasías;
Le pedí al árbol que simule mis caricias y miradas… y partí.

Ya lejos la percibo: en vuelos deprimidos.
No supe sino hasta cuando morí que fui la rama en que ella dormía
Que mientras caía, ella, morfo azul, voló.

Sola con el viento y la lluvia, se hace llamar mariposa del sueño
Yo, soy ahora desolvido, ella me llama “silencio espiral”

No somos más en los años, que escarnio congelado en una despedida.